Cómo saber si deberías cambiar de trabajo (o si solo estás agotada)

Hay una pregunta que nadie hace en voz alta pero que casi todas las personas en sus 20s están haciendo en su cabeza: ¿debería cambiar de trabajo?

No cuando están en crisis obvia, cuando el jefe les grita o cuando no les pagan. Sino en ese estado intermedio más difícil de nombrar: el trabajo está bien, no es terrible, pero tampoco te está dando lo que necesitas. Y no sabes si eso es señal de que debes irte o señal de que todavía no has aprendido a valorar lo que tienes.

Este post es para ayudarte a responder esa pregunta con más claridad que la que probablemente tienes ahora.

Por qué esta decisión es tan difícil

Cambiar de trabajo tiene un peso desproporcionado porque implica incertidumbre real: no sabes si el siguiente lugar será mejor, no sabes si el mercado está bien, no sabes si vas a extrañar lo que tienes ahora. Y el cerebro, frente a la incertidumbre, generalmente prefiere quedarse donde está aunque no esté bien.

A eso súmale la culpa: si tienes trabajo mientras otras personas no, si el trabajo "no está tan mal", si hay personas que dependen de que te quedes estable. Todo eso pesa aunque no debería determinar tu decisión.

Lo que ayuda no es eliminar la incertidumbre, que no puedes, sino tener criterios más claros para evaluar si quedarte o irte tiene más sentido en tu situación específica.

Las señales que sí importan

No todas las razones para irse son iguales. Hay señales que indican que el problema es situacional y puede mejorar, y hay señales que indican que el problema es estructural y no va a cambiar.

Señales de que el problema es estructural:

No hay a dónde crecer dentro de esa empresa o ese rol, y el techo es real, no percibido. Llevas más de un año sin aprender nada nuevo y el trabajo no tiene mecanismos para que eso cambie. La cultura del lugar está activamente en conflicto con lo que necesitas: si necesitas autonomía y el control es excesivo, si necesitas cierto nivel de respeto y hay dinámicas que lo impiden de forma sistemática. Tu compensación está significativamente por debajo del mercado y no hay apertura a cambiar eso.

Estas señales no mejoran esperando. Son parte de cómo funciona ese lugar.

Señales de que el problema puede ser situacional:

Estás agotada y todo se siente mal, incluyendo el trabajo. Tuviste un proyecto o período difícil reciente y todavía estás procesando eso. Tu relación con el trabajo en general está pasando por un momento complicado que no es específico de ese lugar. Llevas poco tiempo y todavía estás en la curva de aprendizaje que naturalmente se siente incómoda.

Estas señales no siempre indican que debes irte. A veces indican que necesitas un ajuste o simplemente tiempo.

La pregunta más honesta que puedes hacerte

No "¿debería irme?" sino esta: si supiera que en este trabajo las condiciones no van a cambiar en los próximos doce meses, ¿estaría bien con eso?

Esa pregunta elimina la esperanza de que las cosas mejoren solas y te pone frente a la realidad actual. Si la respuesta es sí, probablemente hay razones válidas para quedarte mientras construyes lo siguiente. Si la respuesta es no, tienes información importante sobre qué tan urgente es el cambio.

Sobre el miedo a arrepentirte

Hay dos tipos de arrepentimiento. El de haber hecho algo que no salió bien, y el de no haber hecho algo cuando podías.

Las investigaciones sobre arrepentimiento muestran consistentemente que a largo plazo la gente se arrepiente más de las cosas que no hizo que de las que hizo y no salieron perfectas. El riesgo de quedarte en un lugar que no te está dando lo que necesitas, año tras año esperando el momento perfecto para irte, tiene un costo que es difícil de ver mientras está pasando pero muy claro en retrospectiva.

Eso no significa que debas tomar decisiones impulsivas. Significa que la inacción también tiene un precio.

Si decides que sí quieres irte: el orden importa

Antes de renunciar: empieza a explorar mientras sigues empleada. Actualiza tu perfil, habla con personas de tu red, aplica a posiciones que te interesen. Tener el trabajo actual mientras buscas uno nuevo reduce la presión y te da más poder de negociación.

Después de tener opciones concretas: evalúa. No compares tu trabajo actual con un trabajo ideal imaginario, sino con una oferta real que tienes en la mano. Esa comparación es mucho más útil.

Antes de aceptar algo nuevo: revisa que no estás huyendo de algo sino yendo hacia algo. Las personas que cambian de trabajo huyendo del anterior suelen encontrar versiones distintas del mismo problema en el siguiente.

Next
Next

Lo que el trabajo remoto no te dice (y que ojalá alguien me hubiera explicado antes)